Un puente hacia el capitalismo global

En los 90, solía ojear un libro de esos que recopilan hitos de la historia humana. Entre las páginas de temática arquitectónica se incluía una clasificación de rascacielos. Más achaparrado que la mayoría, destacaba un edificio no por su altura, sino por su forma, un prisma compuesto de otros prismas unidos con vigas a la vista. Para un millenial, la sede del Hong Kong & Shanghai Bank en Hong Kong se parecía a un mecano más que a un rascacielos; pertenecía a un mundo alternativo y no a las ciudades de torres de cristal.


El HSBC Building es uno de los exponentes del estilo high-tech, en su evolución más mega. Fue el edificio más costoso de su tiempo; en 1986, año en que estuvo terminado, la factura llegó al equivalente a 2,1 millardos de euros. Con sus 183 metros, nunca fue el más alto, pero sí inició el camino de construcciones espectaculares en la Asia de finales de siglo. El HSBC es predecesor de rascacielos orientales como las Torres Petronas, al ser uno de los primeros iconos arquitectónicos para el capitalismo global, representando el poder económico que surgía en Asia (poco después sería representado a su vez en la película Jungla de Cristal).

Feng shui y globalización

Cuando se habla de high-tech, se suelen indicar edificios de estructuras metálicas claramente identificables, tan complejas que surgían de una colaboración entre los estudios de arquitectura e ingeniería. El estilo no es tan simple, pero en sus inicios se podía resumir como una arquitectura que aprovechaba al máximo los avances de la técnica con el objetivo de alcanzar una sociedad más ecológica. La cuestión es que en los 70 los líderes del high-tech (según la crítica) estaban evolucionando su manera de proyectar. Norman Foster, arquitecto del HSBC Main Building, adaptaba su proceso de diseño, incluyendo consideraciones culturales. Por ejemplo, si se comparaba con Richard Rogers, que no hacía concesiones, los edificios de Foster eran menos radicales, y serían más adaptables a otros países según se internacionalizase el estudio del lord inglés. Pero la sede bancaria fue el inicio, y la salvación de Foster and Partners, pues estaba al borde de la bancarrota cuando ganó la adjudicación.

Para diseñar el HSBC, se debía comprender la identidad del banco. Éste era un puntal del poder colonial británico, y como tal se enfrentaba a varios conflictos entrelazados. El más importante era territorial: el Reino Unido tenía que devolver la soberanía de la isla en el 1997. Con ello existía el temor de que el modelo capitalista pasase al comunista; posteriormente el poder chino diluiría los temores en ese sentido, pero eso es otra historia. Tanto la condición de la isla de dominio de ultramar como el choque de modelos económicos proyectaba la imagen de Hong Kong como destino de negocios especulativos, con poca vocación de permanencia. Contra los temores, la dirección corporativa quería presentar una imagen de solidez, confianza y arraigo cultural.
Espacialmente, la cultura hongkonesa se aprecia en el feng shui del edificio. El agua del puerto se asocia con la prosperidad, por ello la longitud mayor del edificio se orienta hacia allí. La planta baja es un atrio abierto, lo que permite el paso de viento y chi (energía vital). Además, si las escaleras que conectan la planta baja con el hall forman ángulos oblicuos no fue debido a un delineante borracho: según esta mística oriental del espacio los espíritus malignos sólo viajan en líneas rectas.
Se trata de una arquitectura separada de la idea de una forma o tipología universal, exportada desde Europa sin una exploración de la población afectada por el edificio. El proyecto de Foster and Partners es uno de los que empezaban a surgir de la mezcla cultural destinada a aumentar en el mundo, debido a la mejora en las comunicaciones y a, si seguimos a Antonio Escohotado, la apertura comercial total.
Curiosamente, de los rascacielos vecinos al HSBC Building, sólo uno desobedece las reglas del feng shui: el rascacielos del Banco de China. Inaugurado en 1990, este tótem del “socialismo de mercado” tiene forma puntiaguda, con aristas hacia la Casa del Gobierno (entonces británico) y el HSBC. Los hongkoneses confirmaron sus creencias tras los sucesos que acontecieron en la región durante su construcción. El gobernador Edward Youde murió y las cuentas del HSBC sufrieron varapalos financieros. Para anular la influencia negativa del Banco de China, se instalaron las dos grúas de mantenimiento que se ven en la cima, ”cañones” orientados hacia la torre rival.
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La estructura tipo puente

¿Qué es lo que hace a este edificio único? Con un simple vistazo, diríamos que los pilares y las vigas. Especialmente, esos triángulos. Aparecen cada ocho plantas y además de su función estructural, uniendo las torres-mástiles y transmitiendo hasta ellas las cargas de los pisos que soportan, confieren el ritmo a la fachada. Otra característica es que, como se ha mencionado, no es una torre, sino la suma de tres, de 29, 36 y 44 plantas de altura respectivamente. El perfil de éstas es reforzado por mástiles organizados en tres bahías. Todo ese conjunto de torres-mástiles (8 grupos de 4 columnas) se combina con perchas para transferir las cargas verticales. Las cargas horizontales son absorbidas por plantas de refuerzo. Para los cálculos estructurales, Foster & Partners colaboró con la firma de ingeniería Ove Arup & Partners, uno de los grandes socios de la arquitectura high-tech (las otros son AHA y Buro Happold).

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Esta construcción servía dos objetivos. El primero es el concepto espacial. En vez de yuxtaponer nivel tras nivel, Foster decidió crear barrios verticales. Entre ellos, los ascensores conectan las primeras plantas, las plazas de cada barrio. Para la conducción entre plantas, los usuarios caminan por escaleras mecánicas, aumentando el contacto personal.
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El segundo objetivo lo marcaba el ajustado calendario de construcción. Para resolver el condicionante tiempo, los barrios son en realidad módulos, montados en voladizo a la estructura, y la construcción-montaje debía poder realizarse en sentidos ascendente y descendente.

Mirando los planos, se ven espacios típicamente high-tech. Las salas grandes y abiertas, buscando la flexibilidad, y los núcleos de instalaciones de servicio concentrados, esta vez en el perímetro. Esta receta estaba consolidada, ya que nos retrotrae a los años del Team 4, a proyectos como la factoría de Reliance Controls.

El arquitecto como productor internacional

La firma había ganado el contrato y podía respirar. Bueno, en realidad no; Foster and Partners debía supervisar la ejecución del proyecto en la otra punta del mundo, trasladando recursos a Hong Kong y sin experiencia en obras de tal envergadura. Los siete años de construcción llegaron a buen puerto gracias al dispendio del banco y al nuevo rol que Norman Foster tomaba, controlando la colaboración con fabricantes y operarios que debía informar al equipo de diseño.

En los 80, la región de Hong Kong estaba lejos de las industrias que podían fabricar algo parecido al HSBC Building. Aprovechando la logística de la época, el estudio acudió a empresas de todo el planeta, las más avanzadas, especialmente en producción de módulos prefabricados. Los módulos de acero procedieron de los astilleros Scott-Lithgow de Glasgow, las células de servicio de Japón, los paneles de pared ligeros y el revestimiento de aluminio de EEUU. La construcción podría recordar a una cadena de montaje, pero este tipo de solución no podía adaptarse a un edificio único sin contar con muchos profesionales expertos. Toda esa integración de técnica y creatividad demanda el entusiasmo y dedicación del arquitecto. En palabras de Foster

Se trata de la estética tanto como de la penetración del agua y las tolerancias, no del arquitecto como un esteta distante del proceso de producción.

El proceso de construcción de este edificio, similar al de edificios high-tech posteriores, es quizá el soporte más sólido de los críticos a la evolución del estilo. Para éstos los valores ecológicos eran clave en aquella arquitectura que buscaba conseguir más con menos; se pierde ese impacto social al construir grandes obras con recursos que, al emplearse, contaminan de forma notable.
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El HSBC Main Building tiene, como todos los grandes edificios, múltiples lecturas. Cualquiera que visite un día la ciudad oriental puede descubrir más claves, como la plaza pública que es la planta baja. Y quién sabe los nuevos significados que tendrá el rascacielos en el futuro.
Imágenes de Foster and Partners, Bloomberg-Getty y fotogramas de “How Much Does Your Building Weigh, Mr Foster?”.

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